jueves, 27 de agosto de 2009

Fenix


Y de las cenizas que lloras,
el sol vierte su esplendor...
el fuego renace con la brisa,
que atiza la luz de la vida...

No creas que has muerto,
estás en pleno renacimiento...
disfruta el retoño de tu vida,
sucumbe ante el reverdor de lo nuevo...

Mirate, y ve tu metamorfosis,
mirá nueva piel saliendo...
mira el cambio de tu pelo
y las fuerzas que renacen del anhelo...

Lo nuevo está por doquier,
lo nuevo abunda en tu interior...
busca donde no creías tener,
y encontrarás la riqueza en vos...


ORLET LUNA

jueves, 12 de marzo de 2009

De la añoranza


Espacios libres, amplios, luminosos
tanto tiempo deseándolos y son prisión
cárcel de miradas, cárcel de palabras

cárcel de abrazos, cárcel de alientos


Espacios de reencuentro, de cenizas y botones

tanto tiempo buscándolos como a mi vida y son la soga

que ata vísceras, que ata suspiros

que ata corazones agitados, que ata animales danzantes


Espacios de noche, de día, de creación y destrucción

tanto tiempo a por ellos y solo consigo el fuete

que aplaca la bestia, que aplaca al pensador

que aplaca al ingenuo, que aplaca al traidor


Espacios suaves, plenos, dados a la expresión

tanto tiempo deseándolos y son el claustro

cárcel de cuerpos, cárcel de deseo

cárcel de amante, cárcel de sueños


Espacios soñados, espacios de mi alma,

espacios de mi carne, espacios de mi mente,

cómo oprimen, cómo aplastan cual grilletes
!
cómo pesan, cómo castran!

Espacios de la vida no me maten de llegada,

esperen a mi ocaso, libérenme del callado
!
no me sigan azotando, no me sigan reprimiendo
porque puede que un día de estos, sean Roma y yo Nerón


Y ante el fuego de mis manos, de mi boca,
de mi vientre, de mi alma, de mi mente...
no
queden paredes, ni puertas, ni ventanas
no queden rejas, ni muebles, ni nada...

Que quede el gusto solamente
de haber roto las cadenas
de haber cruzado las barricadas
de haber dado paso al día, al viento, al agua.




ORLET LUNA

sábado, 20 de diciembre de 2008

La caída




No es un sueño,
no es fantasía,
es voz que susurra,
labios que besan,
manos que recorren,
que te arrastran
y te llevan
hasta lanzarte
a una caída vertiginosa
hacia tí mismo...

lunes, 24 de noviembre de 2008

El que Vuela (Final)



La luz de la luna que entraba por la ventana, alumbraba partes de su habitación. la Ventana!. Estaba abierta!. Sintió que su sangre se concentraba en su cabeza. Los latidos de su corazón eran tan fuertes que su cuerpo se mecía al compás de ellos. Estaba inmóvil al lado del interruptor, con los ojos desorbitados viendo la ventana abierta de par en par. Estaba en shock. Ella misma la habría dejado así?. No era posible!. No salía de su asombro, no se podía mover, solo observaba la ventana sin poder reaccionar.

De repente, sintió un movimiento en la esquina de su habitación a la izquierda, justo diagonal a donde ella se encontraba petrificada. Era él, sentado en su sillón de lectura, muy cerca de la ventana. Los rayos blancos que entraban en la penumbra dejaban ver sus ojos felinos. Ojos claros, grandes y penetrantes. Ella, estaba en desventaja. No podría salir por la ventana, él estaba más cerca. Y correr hacia la puerta?, él obviamente la podía alcanzar, no podía moverse, era presa del pánico.

No podía quitarle la mirada. Ni siquiera había logrado sobreponerse. Sólo observaba impávida sin moverse. Empezó a sentir la misma sensación que le había embargado muchas veces cuando pasaba por el árbol. Era una sensación de gran peligro, inexplicable. Sentía su propia vulnerabilidad ante quien tenía en frente. Él era en apariencia como ella, pero ella sabía que él no procedía del mismo lugar. Sus naturalezas eran distintas. La oscuridad que lo rodeaba, no era solo por falta de luz eléctrica. Era propia, él era oscuro y llevaba consigo oscuridad. Su energía era avasallante, su mirada la dominaba. Sabía que sin necesidad de moverse él, conseguiría someterla.

Y ella pensó en algún momento que podría retarlo!. No era cierto. Él había estado jugando con ella todo el tiempo, había logrado presionarla hasta el punto de volar. Esta noche la había llevado al límite y luego, la dejó que pensara que era mucho más fuerte qué el, dejó que se sintiera segura. Que perdiera el miedo. Qué ilusa había sido, pensando que podía con él!. Comprendía ahora, que ella era muy inferior a él, no físicamente sino, por la fuerza que lo acompañaba. Sentía que con solo mirarla podía hacer que doblara sus rodillas y caer al piso, aunque ella tratara de resistirse. Sabia que él la superaba de manera inimaginable para ella. Su fuerza no era como las energías que irradiaban tantas personas que ella había conocido. Era una fuerza distinta. Era pesada y lo suficientemente contundente como para transmitirle, que estaba perdida.

Mientras tanto él la miraba sin parpadear. La veía como una fiera que se deleita ante su presa atrapada y desvalida. La miraba adentro, hurgaba su interior y ella lo sentía; él le permitía que lo supiera y no podía hacer nada. Estaba aterrorizada, no había lugar dónde escapar, ni siquiera en su interior. No había sitio impenetrable para él. No existía manera de escabullirse esta vez. Sintió que sus piernas empezaban a temblarle y no lo podía controlar. Sentía un frío insoportable que la helaba hasta los huesos.

Desde el sillón, podía manejar sus sensaciones. Sólo la miraba y ella sentía cada vez más que la poseía, sentía que sus fuerzas iban desvaneciendose lentamente. No podía pensar en nada. Era como si su propia luz fuese apagándose poco a poco, mansamente, sin resistencias, totalmente sumisa. Sintió una necesidad de acercarse que no podía controlarla, sabía que era él quien la manejaba como a una marioneta. Caminó en su dirección y se detuvo justo frente al sillón a unos cuatro pasos dónde la luz que entraba por la ventana la iluminaba completamente.

Se levantó y se detuvo justo al frente de ella. Estaba tan cerca que podía sentir su aliento, su calor corporal y ese olor particular que podía reconocer a distancia. En ese momento, se sintió liberada de la fuerza que él le ejercía. Era ella. Ahora frente a él, sin ataduras.

A lo sumo tendría unos veintiocho años. Sólo tenía un blue jean y estaba descalzo. Su tez era morena clara y sus ojos se veían como de color verde muy claro, eran grandes, con largas pestañas. Su cabello negro estaba despeinado. Era hermoso y sensual. Ella lo observaba sin emitir palabra. Solo trataba de no perder pista de las sensaciones que iba experimentando en el momento y seguía sintiendo miedo. Miedo a que le hiciera daño, miedo a sucumbir ante su masculinidad, miedo a la tentación de lo oscuro del personaje que estaba en frente de ella, miedo a lo que sucedería en un algún momento y que no pudiese hacer nada para evitarlo.

El dió un paso al frente, sus narices estaban tocándose ahora, levantó su ceja izquierda y de un impulso bajó su cabeza y pasó su lengua desde el nacimiento de su cuello hasta su nariz.

Se sentía erizada, estremecida y temblaba. Estaba aterrorizada y sentía a su vez placer. Sabía que podía dejarla sin vida en los próximos segundos y sentía placer!.

Dió un paso atrás y sonrió de una manera maquiavélica y luego la miró plácidamente. Recorrió su cuerpo con la mirada, respiró profundo para olerla como quien desea tragar de una sola inhalación el mundo, acercó su cabeza y undió su nariz en su cuello, la mordió presionándole con sus dientes hasta que sintiera dolor, pero sin causarle una herida. Restregó su nariz por su pecho, subió nuevamente hasta estar cara a cara y luego se separó.

Las lágrimas de ella empezaron a bajar por su rostro copiosamente y su mirada era de súplica. Ambos sabían que él la tendría en ése momento o en cualquiera que deseara. Ambos sabían que él haría de ella lo que le placiera. También sabían que él no tenía un interés real en ella, sólo se divertía. Y éso era aún más angustiante para ella: Lo deseaba!. No importaba si moría luego, deseaba que él se lanzara sobre ella y la tomara, la bebiera hasta secarla. Estaba claro quién era el dominador y quién el dominado...

En ese momento y de un salto, él calló en cunclillas en el borde de la ventana. Se volteó y la volvió a mirar complacido. Su mirada fue cambiando fue profunda, como deseando dejarle una marca con sus ojos. Dió otro salto y desapareció. Los rayos del alba estaban ya entrando en la habitación.

Ella se dejó desplomar en el piso y lloró. No habían pensamientos, no por lo menos coherentes. Solo una sensación de liberación ante el peligro y a la vez de pérdida. Un sentimiento abrumador que la hacía sentirse tan pequeña!. Tan miserablemente pequeña... Se levantó a duras penas y caminó hasta su cama. Se dejó tumbar y siguió llorando hasta que el cansancio la venció.

Permaneció en cama todo el fin de semana. No le provocaba comer, desconectó los teléfonos. Sólo deseaba estar acostada pensando en lo sucedido. Rememorando cada segundo y reviviendo la escena una y otra vez. Por más que trataba de ordenar todo aquello que había experimentado de una manera coherente en su mente, no lo lograba. No había una explicación que calzara en su mente para todo aquello. Había sido una experiencia que la había superado, que le había mostrado otro mundo afuera y lo peor, otro mundo dentro de ella.

El lunes llamó a la oficina para decir que estaba indispuesta y que no iría a trabajar. Esa noche escuchó el timbre de la entrada. Su corazón se aceleró de momento, luego pensó, no es él. No necesita de ello, para qué tocaría el timbre?. Bajó las escaleras y se dirigió por el jardín hasta la puerta de la calle. Era su hermano menor, estaba preocupado porque no tenía noticias de ella. No le comentó nada. Solo lo escuchó y le dijo no sentirse bien y que por ello había desconectado los teléfonos. Lo invitó a pasar y tomaron un té.

La invitó a su casa a quedarse por unos días, sabía que estaba sola y eso le mortificaba. Ella aceptó. Pasó una semana en casa de él y se sentía tan protegida!, cuánto había necesitado el calor de la familia!. Pero su recuerdo la perseguía, no podía dejar de pensar en el joven alado. Cuando le invadía su imagen sentía angustia y deseaba volver. Cómo era posible que estuviera desesperada por regresar a casa?. Se sentía en el mundo del absurdo, estaría perdiendo la cordura?.

Vicky llegó el lunes siguiente. Jamás le comentó lo sucedido. Volvió a su rutina, aunque el primer mes decidió ir al trabajo en auto. Los pensamientos en el joven alado fueron espaciándose más y más. Aunque sabía que era mejor no encontrarlo, él era el único alado que conocía. A veces, se preguntaba si la seguía esperando en el árbol, si él podría llevarla a conocer a otras personas como ella, si deseaba encontrarla nuevamente, si volvería a verlo. No podía con esa incertidumbre, en algún momento debía enfretar esa calle y reanudó sus caminatas.

Día a día salía de la oficina y miraba la larga avenida que subía en dirección al Norte. Respiraba profundo y comenzaba a caminar en dirección a su casa. Ya no veía a su alrededor, no se maravillaba con los árboles, no disfrutaba del pasar de la gente, no observaba las caprichosas formas arquitectónicas que tanto le habían llamado la atención, hasta hacía tan poco tiempo. Sólo miraba el Ávila y veía sus pasos. Al principio, cuando se acercaba al puente y al árbol sentía que sus latidos se aceleraban, pero eso también fue pasando.

Más de una tarde se subió al árbol de mango a mirar el ocaso, se acurrucaba y esperaba.

FIN.

ORLET LUNA

Noviembre, 2008

El que Vuela ( Tercera Parte)



Sus ojos se movían en todas las direcciones posibles, buscando alguna cosa que pudiera servirle de defensa o en su defecto de ataque. No se atrevía a mover la cabeza; si estaba allí notaría su falta de atención. Pero no divisaba nada, ni siquiera una simple piedrecita. El miedo estaba cobrando más terreno dentro de ella y la duda de si estaba en lo cierto y había alguien empezaba a embargarla, no percibía ni olores, ni sonidos que le dieran alguna certeza.

De pronto, la brisa empezó a soplar en dirección a ella. Está allí. Otra vez, su sangre se agolpaba, su corazón latía desbocado y aumentaba su sudoración. Tenía el presentimiento que si algo estaba allí la podría perseguir. Y si es un ser monstruoso?. Sintió deseos de llorar. Por qué a ella?, de que trata todo esto?, quién es? qué es?. Por qué siente tanto miedo?. Si se movía hacia el oeste en dirección a su casa estaría perdida, allí estaba Hanna. Y si la ponía en peligro?. Si tomaba el Este, por donde había llegado solo había mayor oscuridad y demasiados árboles y edificios cercanos que le permitieran desarrollar velocidad. Velocidad? Dios, espero tenerla!. Nunca probó qué tan rápido volaba a grandes distancias. Esperaba no necesitar de ello. Al Norte estaba La gran montaña del Ávila, ni soñarlo!. Necesitaba gente y tránsito y un lugar como una discoteca o una jefatura, lo que sea!.

Eso era vida nocturna!, el Sur. Si seguía en línea recta llegaría a Les Mercedes, siempre hay vida nocturna allí y no estaba lejos... Giró hacia su derecha y voló lo más rápido posible tomando ése rumbo. No podía evitarlo, y volteó a ver si la seguían, y no vió a nadie. Pero estaba tan asustada que no podía parar de volar y subir más y más alto. Aunque no veía a nadie sentía que debía alejarse lo más pronto posible de allí y además, lo más lejos que pudiése.

Este vuelo no lo disfrutaba, no sentía placer alguno, temía tanto por su vida que no podía darse cuenta que estaba atravesando varias urbanizaciones desde lo alto y divisando toda la ciudad desde arriba. Cuando divisó la urbanización Las Mercedes exhaló un suspiro. Y sin pensarlo volvió a mirar atrás de sí. No se confiaba aún en su buena suerte. Lo que sea que estaba allí era humano y ahora si tenía la certeza. Y cómo subía al árbol?, sería alado como ella? sería un ser deforme? y si era un caníbal?, Y si sólo la quería para su cena?, No era algo bueno y lo sabía.

Logró divisar una calle transversal a la avenida principal, con luz pero sin transeúntes y decidió descender allí. Caminó hasta la ruta de sitios nocturnos y fue pasando por frente de cada uno sin atreverse a entrar. No tenía sentido. Estaba sola. Pero qué hacer?, volver a casa?, no se sentía segura allí. Miraba a la gente pasar: unos celebrando, otros riendo, otros borrachos, ambiente de fiesta y movimiento, los autos pasaban con música a todo volumen. No había donde aparcar, la gente caminaba por las calles sonreídas y alegres. Qué deseos podría tener ella de entrar a cualquier lugar de esos?, no tenía nada que celebrar, ni siquiera estaba acompañada. Se imaginaba en cualquier barra pidiendo un trago, y por qué brindaría? porque había un monstruo cerca de su calle que no la dejaba entrar a su casa?.

Merodeó las calles pensando qué hacer o a dónde ir. Lo más atractivo era dar un rodeo hacia el Oeste y entrar justo por la dirección contraria a la calle de su casa, así evitaría el puente y el árbol. Estuvo tratando de recobrar valor mientras caminaba, pensando que jamás ese ser se había cruzado con ella, nunca la había enfrentado, por qué sería diferente esa noche?. Nunca había ido más allá, sólo sentía su presencia. Y si había llegado el momento?, y si estaba siendo confiada?, lo de su hermano fue un aviso!. Ella sabía que podía suceder en cualquier momento, por qué ser tan optimista al respecto?. No debía estar tan tranquila. Y además lo que fuese que estaba allí, sabía que ella no había llegado a casa. Y además, sabía que ella volaba. Dios! no sería esto último algo para lamentarse luego?.

Ya cansada decidió ir hacia el Oeste como en principio lo pensó. Se dirigió a una calle solitaria y saltó a volar, fue en dirección a la urbanización Bello Monte y subió al Norte en dirección al gran Ávila, para luego empezar su giro al Este y llegar en dirección contraria como era su plan. Estaba muy tensa. Tenía muchos sentimientos, sensaciones y pensamientos mezclados dentro de sí y se sentía muy sola. Eso era lo que más la afectaba, la soledad en la que se sentía sumergida. No contaba con nadie para socorrerla en estos momentos, no había un padre o amante protector, no podía mezclar a sus seres queridos en ésto, no podía ir a las autoridades a formular denuncias o a pedir ayuda, se reirían de ella. Estaba sola.

Ya iba rumbo al Norte, estaba sobrevolando Las Delicias cuando creyó ver una forma como de un animal muy pequeño en medio de la calle, siguió pero giró su cabeza por curiosidad, para tratar de divisar lo que había dejado atrás. Al voltear hacia atrás, de reojo creyó ver algo a lo lejos a la misma altura de ella en el aire. La forma de abajo dejó de tener interés para ella, y se volvió para divisar lo que no logró distinguir en un principio arriba. Era un ser alado igual a ella, venía justo detrás, pero a una distancia bastante separada, unos quinientos metros.

Lo supo enseguida, era el mismo ser que la acechaba, era él, no había duda. Empezó a volar más rápido, cambió el rumbo nuevamente al Oeste, no quería ir hacia la casa, eso sería un error. Empezó a volar tan rápido y tan desesperadamente que no podía abrir los ojos, el choque del aire en su rostro la hacía lagrimear, tenía que entrejuntarlos lo suficiente como para dejar sólo, una pequeña línea entreabierta entre los párpados. Volteo hacia atrás, él venía siguiéndola! Está cerca!. Al parecer él era más rápido. Pero no podía sucumbir tenía que escapar!. Siguió volando sin saber hacia dónde ir. Volteaba y él continuaba a la misma distancia apenas unos cincuenta metros de ella.

El tiempo pasaba y ella seguía en el aire volando desesperadamente, y él, continuaba a la misma distancia. Sentía que en cualquier momento la fatiga la haría sucumbir. Y el ser alado, parecía jugar a cansarla, a agotarla, hasta que se rindiera!. Ya no volteaba, trataba de concentrarse y de pensar qué hacer?. Justo en ese momento, vió como él pasó a unos tres metros de distancia por debajo de ella. Su reacción fue girar hacia la derecha inmediatamente. Sintió unas fuerzas dentro de sí que la hicieron ganar mayor velocidad. Se fue rumbo hacia la autopista, él iba detrás de ella, a unos quinientos metros de distancia nuevamente. Le había sacado ventaja!.

Sintió la adrenalina que estallaba en su cabeza. Era una mezcla de miedo, desesperación y a la vez una sensación morbosa que le generaba una extraña mezcla de pensamientos: él era alado, estaban probando sus fuerzas y destrezas, sabía que era de temer, sentía el peligro. Y no podía dejar de experimentar un extraño placer a pesar de ello. La velocidad, el reto, ése estado químico de su cuerpo sobreexitado, le hacían sentir una furia loca, desmedida y placentera. Hubiese podido lamer el borde de una navaja afilada con placer, en ese preciso momento...

Empezó a bajar y pasaba por debajo de puentes y autopistas, podía sentir el aire que lastimaba su cara y ojos. Pensaba que eso era mejor que cualquier moto de alta cilindrada a su mayor potencia. Era algo inigualable. Era maravilloso como podía volar a más de doscientos kilómetros por hora y a la vez girar de inmediato. No había semáforos, rayados, tráfico. Solo su persecutor y ella. Y ahora ella llevaba la ventaja y sabía que ésta vez, no era por decisión de él, sino de las hormonas y química de su cuerpo que no se rendían a ser presa fácil. Se sentía capaz de retarlo, se sentía irreverente, capaz de provocarlo. Él, la seguía e imitaba sus piruetas desde lejos.

No sabe en qué momento simplemente desapareció. A dónde había ido?, la estaría acechando y no lo podía divisar?, sería un truco para que ella se confiara?, no lo sabía. Sobrevoló la zona buscando indicios de él, pero ya no estaba allí. Esperó un rato, pero pronto amanecería, no lo pensó más y fue rumbo a casa. Buscaría a Hanna y ropa y se iría a casa de alguien; no sabía a ciencia cierta dónde pero lo haría.

Llegó a casa. Estaba todo en penumbra. Abrió la puerta con sigilo, encendió las luces del salón principal y se detuvo a observar a su alrededor, todo parecía estar en orden. Hanna debía estar en el patio durmiendo. Fué encendiendo las luces por donde iba pasando, su corazón se aceleraba cada vez que entraba a un tramo oscuro de la casa. Revisó cada rincón de la planta baja, todas las ventanas estaban cerradas y sabía que ella misma, se había asegurado de dejar todas las de arriba con cerrojo antes de salir en la mañana. Se sintió más tranquila. Subió las escaleras y empezó a encender las luces de la parte alta de la casa. Revisó el estar. Todo estaba igual como lo habían dejado en la mañana. Se dirigió a su habitación, abrió la puerta y fue en dirección al interruptor. Desde su ventana se veía la luna llena enorme, gigante! aunque pronto amanecería.

ORLET LUNA

Noviembre, 2008

sábado, 22 de noviembre de 2008

El que Vuela (Segunda Parte)



Los días pasaron y la sensación de persecución no la volvió a sentir, se relajó y apartó de su mente todo lo sucedido. Luego llegó el verano y con ello los atardeceres se alargaron. Estaba tranquila, sumergida en sus cosas, su trabajo, sus estudios, sus escritos. Se sentía descansada y liberada de cargas. Hacía tiempo que planeaban vacaciones, pero no podrían ir juntas está vez. A Vicky, la invitaron unos amigos a pasar una semana en Caracolito; una playa cercana a Higuerote, que tiene acceso nada más por mar y donde suelen acampar los temporadístas, Hanna no podría ir. Así, que le tocaba quedarse en casa cuidando a la perra y esperando culminar su curso en la Universidad para poder disfrutar de su merecido descanso.

Llegaba en las tardes y observaba a Vicky corriendo de un lado a otro con los preparativos para su aventura, irían en carabana cuatro autos, dos sedanes y dos rústicos para llevar todo el equipo de camping. Luego, contactarían a Ronald en Chirimena, para dejar los vehículos en su casa y él mismo, los trasladaría en bote hasta Caracolito. Todos los días apartaba cosas "importantes" que llevar, y por supuesto evaluaba nuevamente el "vestuario" escogido.

Desde el estar, Hanna acostada en uno de los sillones y ella sentada en otro, observaban pasar a Vicky, unas cincuenta veces desde varias partes de la casa hacia la habitación donde estaba preparando el equipaje. Se reía internamente, imaginándose que cuando llegara el gran día de trasladar el equipaje al auto, necesitarían una agencia de mudanzas con camión y cuatro ayudantes por lo menos. Después, se perdía mirando por la ventana las copas de los árboles y las caprichosas sombras que descubrían al caer la noche. Y no podía dejar de preguntarse: qué había sucedido con esa extraña presencia?, sería todo un juego de su imaginación y nunca existió?, sería que al enfrentar sus miedos internos, su paranoia había desaparecido?, realmente había podido imaginar todo eso?, es que era tan real!... ella hubiese podido jurar que había alguien allí!... mejor era no pensar en eso, lo que fuese, ya no estaba.

Llega el gran día de la partida a Caracolito. Saldrían a las siete de la noche, cuando todos sus amigos llegaran al punto de encuentro: La salida de la autopista hacia oriente. Como siempre, empezó a caminar rumbo a casa, pero decidió pararse en el café de la segunda cuadra a cenar, sabía que Vicky no estaría en casa y no tenía la más mínima intensión de llegar a cocinar. Además era viernes, por qué llegar temprano?, para qué?, se sentó en una de las mesas de afuera al aire libre, no le gustaban los sitios cerrados y esperó por la carta. Estaba entusiasmada, se sentía tan libre desde hace tiempo! era una sensación inexplicable.

Primero pidió un café y luego ordenó un sandwich de jamón Serrano, no podía ocultar su debilidad por la carne. Se comió pausadamente su cena mientras ojeaba el periódico local y miraba la cartelera del cine, hacía tanto tiempo que no iba a un cine o un teatro!... siempre sumida en su rutina, siempre del trabajo a la casa, los miércoles a la universidad y luego nuevamente a la casa. Miraba las parejas, y se preguntaba: será que mi destino es estar sola?, será que alguien me aceptaría con mi secreto?, será que hay alguien como yo en algún lugar?, no puedo ser la única!. Y si mi madre es como yo y jamás me lo confesó? o será que lo heredé de mi padre?. Mis hermanos jamás los vi con alas, tampoco comentaron nada, seré la única en el mundo? no lo creo... no es posible al menos que mi madre le haya montado los cuernos a mi padre con un cóndor o quién sabe Dios que ave, seré un ser como los de la mitología griega?.

Sus pensamientos estaban desprendidos de todo lo que la rodeaba, sumida en sus divagaciones y preguntas sin respuesta, cuando el mesero colocó la cuenta en frente de ella, era hora de cerrar. Hora de cerrar!, Y qué hora era?, ya pasaba de media noche. Ya no había servicio de autobús, solo taxis y no tenía más efectivo ni un cajero automático cercano de dónde extraer dinero. Igualmente estaba tranquila, abandonó el lugar y se dirigió hacia su casa como de costumbre, el miedo había pasado, todo estaba en la mente y la mente se puede dominar! se decía.

Caminaba cabizbaja mirando sus propios pasos, no era tristeza, era que seguía pensando en su procedencia y si existía alguien como ella, inventándose infinidad de historias fabulosas sobre cómo llegó ella a dar a su familia o cómo explicaban sus padres que ella fuese alada?. Pero siempre la embargaba la misma sensación de miedo que no le permitía enfrentarlos y pedirles que aclararan sus dudas de tantos años... no sabía cómo manejarse; y si ellos no sabían por qué ella tenía alas? y si ellos eran los sorprendidos ante tal revelación?, solo suspiraba profundo y dejaba desplomar sus hombros y brazos.

Ya alcanzaba la sexta cuadra, dobló a la izquierda y divisó el pequeño puente, estaba tan sumida en sus pensamientos que estaba totalmente ajena a la hora y el lugar, ya todo había pasado, no había nada ni nadie para mortificarse, estaba ella y su maraña de pensamientos acerca de ella. Tranquila empezó a pasar el puente, seguía pensando hipnotizada, autómata. Oyó el crujir de una rama del árbol de mango, en fracciones de segundo sintió el mundo detenerse, no pensó más, todo estaba en rojo dentro de su mente; el calor subió súbitamente, sus manos se enfriaron, su corazón golpeaba a punto de salir de su pecho, sus ojos se dilataron, sus poros se abrieron, la nariz también se abrió dilatada olfateando, sintió sus músculos tensarse y con una destreza felina dió un salto aún mayor que las otras veces y extendió alas y su escama.

Giró hacia el árbol suspendida en el aire, era una fiera rapaz esperando el menor movimiento de la oscuridad espesa de entre sus ramas. No existía pensamientos, solo instinto, sus sentidos se habían desarrollado ciento de veces más. Sabía que estaba en el árbol y esperó el movimiento en falso, el crujir de la madera, el movimiento de una hoja, una señal que le dijera en que dirección atacar.

Nada se movía, todo era silencio, permaneció atenta por un buen rato y sintió como la agudeza del instinto empezaba a bajar su tensión, sin perder destreza en los movimientos ni la percepción de sus sentidos. Podía pensar, estaba calculando que hacer, si darse la vuelta y darle la espalda a su contrincante... o si volar justo por donde mismo había llegado y alejarse lo más posible... Qué hacer?, no sucedía nada, su instinto le mantenía alerta y su cabeza la hacía sentir como una estúpida frente al inmenso árbol. Y ahora qué hago?, el miedo la empezó a invadir, y cómo pensaba atacar? con qué? seguía con el mismo cuerpo de mujer, sin un arma, ni siquiera tenía garras, ni colmillos, nada con qué defenderse o buscaba un buen tubo, un palo, un arma o algo pronto, o quien lo lamentaría sería ella. Estaba paralizada. Empezó a mirar a su alrededor para hacerse de lo primero que encontrara.

ORLET LUNA

Noviembre, 2008